Si hay un autor que pone a prueba a un traductor es Thomas Bernhard. Su estilo denso, repetitivo e implacable convierte cada frase en una lucha por trasladarlo a cualquier idioma.

Será por ello que se me ha ocurrido calificarlo de estilo umami, algo que me sale de manera natural dada mi pasión por la gastronomía.

 

Y si hablamos de reto a la hora de traducir, el primero que se me viene a la mente en relación con la obra de Bernhard es el título de su obra “Der Untergeher”.

Miguel Sáenz, prestigioso traductor de la obra del autor austríaco optó por “El malogrado”.

Esta palabra en español transmite la idea de algo que no llega a desarrollarse, que fracasa antes de alcanzar su potencial.

 

Y, de algún modo, eso describe a Wertheimer: un hombre que al enfrentarse a la genialidad de Gould, se siente derrotado antes de intentarlo siquiera.

La duda que se presenta es cuando tenemos en cuenta que en alemán el título tiene un carácter activo, implica la acción de hundirse, de dejarse llevar por la propia desesperación.

Wertheimer no solo fracasa, sino que se abandona a su fracaso, lo abraza hasta las últimas consecuencias.

 

En inglés se ha traducido como “El perdedor”, en francés y en portugués “El náufrago”, “O náufrago”, en italiano “El que sucumbe”.

La discusión sigue abierta… y también la pregunta que nos deja “El malogrado”: el arte ¿puede salvarnos?

 

Al mirar atrás vuelvo de nuevo a mi otra B, a Büchner, otro genio que no tuvo tiempo para decir todo lo que tenía que decir porque murió muy joven. Aún así, su obra es esencial en la historia de la literatura alemana.

Büchner, como Bernhard, no cree que el arte pueda salvarnos. Curiosamente encuentro un enlace entre ellos y surge otra pregunta: ¿era Bernhard un romántico? ¿De alguna manera?

Me pregunto qué pensaría sobre ello el señor Miguel Sáenz, que sabe tanto sobre nuestro admirado autor.

La discusión está abierta.

 

¿Y tú? ¿Qué significa el arte para ti?

¿Qué papel juega el arte en tu vida? Te leo en los comentarios.

 

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